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La balanza de Occide...
La balanza de Occidente
<strong><em>La primera noción empírica del tiempo que experimenta el ser humano individual y la humanidad toda como colectivo es la diferencia entre el día y la noche.</em></strong>
La primera noción empírica del tiempo que experimenta el ser humano individual y la humanidad toda como colectivo es la diferencia entre el día y la noche. El hombre primitivo que observa aterrado como el mundo se cubre de sombras por un tiempo indeterminado, pero de forma sistemática, sufre del mismo asombro, del mismo miedo a la oscuridad que cualquier niño de corta edad.<br />De ahí que, cuando comprueba que el Sol vuelve a aparecer, día tras día, en el horizonte y aproximadamente por el mismo lugar, establezca una conexión inevitable entre ese punto concreto y la divinidad misma : Dios luminoso y brillante; Sol que nos proporciona luz, vida y calor; demiurgo solar, creador y fecundador, y a la vez dios uranio y celeste, que con su carro recorre el firmamento cada día por un camino que nos asegura el orden natural del cosmos. <br />Entonces el hombre eleva su plegaria hacia ese lugar y mirando hacia allí ejecuta sus ritos y sacrificios, manifiesta sus dudas y proclama sus certezas: el Este se ve como un símbolo de nacimiento y también de renovación. Por contraposición, el lugar por donde el Sol se pone se siente inevitablemente como un camino hacia las regiones inferiores, hacia lo que la Tierra -redonda o plana- esconde bajo nuestros pies. Durante la noche, el Sol se convierte en dios ctónico y el Occidente (de occidere, morir) en el umbral del Más Allá.<br />No es de extrañar pues que numerosas culturas hayan situado en este punto la puerta de entrada al otro mundo, ni que buena parte de las hierofanías arcaicas envíen hacia allá a sus muertos en sus cultos funerarios, con la esperanza de un renacimiento en brazos del astro rey que acompañará a las almas en su camino por las regiones oscuras. Porque el Sol no es como la Luna, que muere para renacer al tercer día, sino que sobrevive ascendiendo nuevamente cada día desde el mundo inferior y por ello puede encomendársele esta función de psicopompo.<br />Ahora bien, dentro de esta concepción escatológica pueden distinguirse dos vías: una más primitiva, la del héroe solar que conquista la inmortalidad a través de una serie de pruebas iniciáticas, y otra más humana que se desarrolla posteriormente y que introduce un componente de tipo ético valorando el comportamiento que el difunto tuvo en vida.
Carmen Ordoñez
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